al fin y al cabo, las huellas permiten por lo menos intuir por donde él va.
Sin sus marcas sobre el piso parece que caminamos a ciegas. Y así nos sentimos. Pero, eso, es cuestión de costumbre. Y el hombre es un animal de costumbre, según dicen por ahí. Sobre este aspecto, nadie habló de la mujer. Es por esto que me siento en total libertad de seguir a mi intuición y no a mi costumbre.
La Soledad acompaña a un viaje. Un viaje de personas y sueños. Y todas las personas, sueños y soledades caben en Matilda.
Matilda está hecha para recorrer grandes distancias sin prisa. Está hecha para poder ver el paisaje, frenar en los pasos peatonales y combina perfectamente con las velocidades máximas de los caminos y autopistas. Está hecha a medida humana y le gustan los seres humanos.
Matilda no se cansa, despacio va llegando a donde quiere ir.
Matilda no se cansa, despacio va llegando a donde quiere ir.
Matilda nos lleva a nosotros, Anatol, Soledad y yo, y a nuestros sueños. Y todos entramos comodamente dentro de ella. Ella nos lleva com cariño. Nadie sabe para dónde mismo estamos yendo. La cuestión es más simple: queremos estar juntos y vamos descubriendo ese camino.







